El amor se siente en el estómago

 Por. Fénix Figueroa V.

En todos los momentos especiales de nuestra vida sentimos algo que conocemos como "mariposas" en el estómago. Una sensación extraña que crea remolinos rasposos dentro del estómago y que seguramente sienten los güiros al ser tocados.

La mayoría de las veces el amor tiene ese efecto, otras tantas es en realidad una intolerancia a la lactosa no detectada. Con el amor es cómo si los besos fueran capullos que eclosionan veloces, ávidos de volar y hacer todo lo que su corta vida de un día les permita. Mariposillas que dejarán más huevecillos, los cuales darán paso a una nueva generación cada vez más infértil, hasta su extinción con el fin del enamoramiento.

Si intentas explicarle eso a un niño quedarás ante el rostro más contrariado que hayas visto. Para nosotros mismos, si lo vemos desde un punto de vista menos metafórico, decir que sentimos mariposas en la panza suena hasta peligroso. Entonces ¿Que es en realidad?

A diferencia de los que nos han inculcado, es necesario aclarar que el amor se siente en el estómago, no necesariamente en el corazón. 

Pero también el miedo se siente ahí. 

En realidad eso a lo que llamamos "maripositas" no es más que una reacción química que genera nuestro sistema nervioso entérico, el cual está formado por neuronas ubicadas en el estómago y el intestino. ¿Qué? ¿No que las neuronas estaban en el cerebro? Pues no solo ahí, este sistema es una subdivisión del sistema nervioso autónomo, que se encarga de controlar al aparato digestivo. Por eso cuando tenemos alguna emoción sentimos cositas en la panza.

En el caso del temor, cuando el sistema simpático siente esta emoción envía la orden para huir. Surge la adrenalina y fluye más sangre hacia los músculos, principalmente en brazos y piernas para correr, pero eso le quita sangre a otros órganos como el intestino y el estómago. Esta depresión en el flujo sanguíneo la detecta el estómago y envía señales al cerebro. Para el amor es el mismito proceso.

Durante el enamoramiento producimos cuatro neurotransmisores principales: serotonina, noradrenalina, dopamina y glutamato, esta última es la sustancia principal que genera actividad en el cerebro (osea la que mueve más), pero no todas vienen de este. Del 80% al 90% de la serotonina y el 50% por ciento de la dopamina, se producen en el intestino.

En resumen, podemos decir que nuestra pancita es muy inteligente, pero sobre todo, puede ser usada como un medidor de la situación que nos ayude a determinar como actuar.

Pero si ambas emociones se generan en el mismo lugar, con la misma reacción ¿Cómo las diferenciamos? La verdad es que no hay forma de hacerlo, es meramente instintivo, por ello muchas veces se confunde el miedo con amor y viceversa. Huimos cuando deberíamos estallar de cariño y nos quedamos apasionados cuando es necesario correr.

Sin embargo creo que ambos tienen un poco del otro. A veces pareciera que el temor nos obliga a retirarnos cuando es un amor tan profundo el que nos hace dar marcha atrás, salir del cuadro y observar la escena desde fuera, todo para tomar una mejor decisión, porque quizá el otro debería escapar y está confundiendo avispas con maripositas. Muchas veces retroceder es una forma de tomar ese impulso necesario para la defensa del otro.

Y donde la gente huele miedo, solo hay un gusanito buscando refugio para formar su capullo y un día, muy pronto, desplegar sus alas y volar, porque hasta los osos más grandes necesitan hibernar. Pero aún si fuera esa emoción, no debe tomarse como algo malo, porque es la que nos hace movernos, buscar soluciones, salidas, otros caminos.

A veces toca hacer de tripas corazón, como dicen las doñitas en su basta sabiduría tan difícil de comprender, pero tan fácil de sentir.

Supongo que en este campo, el de determinar quién es quién, le toca, ahora sí, al corazón. Quien dijo que el amor era un sentimiento tonto, que tonto fue.

Por favor, solo no confundir miedo con amor, que aunque gemelas, no siempre vuelan al mismo cielo.

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