La muerte en el espejo
Por. Fénix Figueroa V.
![]() |
Hace unos días quise tomarme una foto e intento tras intento fui frustrándome más. Al inicio quise culpar a la cámara dañada luego de que el teléfono diera un chapuzón en el agua, después la responsable era la luz del cuarto, pero al final tuve que aceptar que era yo, mi cara.
No es que me sintiera fea o desagradable, más bien me sentía ajena. Me miré en el espejo hasta los detalles más mínimos, ahí me di cuenta que, en efecto, esa de ahí no era yo.
Todavía hace no mucho el espejo me devolvía a una escuincla media enjuta, media chistosa, de cabello largo color café y ojitos chiquititos pero vivarachos. Ahora, en su lugar, hay una mujer, así con sus rasgos de... pues de mujer.
Verme así fue extraño. Me he negado mucho a aceptar los cambios que mi cuerpo va teniendo, que ni siquiera los veía. No es como que sea la primera vez que lo vivo, pero nunca se sintió tan repentino.
Cuando eres niño y llega la adolescencia ves tu cuerpo evolucionar. A esa edad tienes el tiempo y la libertad de mirarte diariamente, de observar con detenimiento como todo se va volviendo un poquito distinto. Te da oportunidad de, aunque puedas llegar a odiar el reflejo, aceptarlo y acostumbrarte paso a paso. Porque cuando los cambios son chiquitos, son lentos, no se van sintiendo tan duros y se vuelven llevaderos.
No es como que de adulto desaparezcan los espejos, pero a veces la vida a esta edad nos deja poco tiempo para los detalles como parte de un todo. Si acaso te miras es para peinarte o maquillarte de rápido, porque ya es tarde, porque hay mucho que hacer. Hasta que un día de pronto se te atraviesa el que debería ser tu reflejo y te encuentras a alguien que no conoces.
Para mí, ese instante es como una pequeña muerte.
Hace no mucho alguien me dijo que estaba agarrando cuerpo de señora y me dolió bastante, ¿Por qué? Pues porque tenemos la idea de que eso significa estar gordo, estar descuidado, estar desarreglado. Y aunque la verdad es que si estaba ganando peso y me había descuidado mucho, intenté desmenuzar el concepto para masticarlo mejor.
Esa misma persona me dijo "si no te gusta haz algo para cambiarlo". Comencé a hacer ejercicio, a cuidar mi piel y mi alimentación y ¿Saben que pasó? Exacto, el cuerpo de "señora" siguió ahí. Pero claro, no hay manera de que sea distinto. Tengo casi treinta años, mis caderas y piernas tienen el tamaño que deben tener, mis ojeras son más grandes porque mis horas de sueño ya no son las de una niña, mi piel está marcada porque he vivido muchas cosas.
Y cuando acepté todo eso fui notando cambios positivos, pues dónde antes no lograba hacer crecer el músculo, ahora se va tonificado poco a poco, por ejemplo.
Pero los cambios de la edad no solo están en lo físico, sino también en la mente. Me siento más responsable, disciplinada y consiente. También he dejado de esperar un adulto a cargo para guiarme porque entendí y acepté que ya no soy una adolescente. Aunque muchos puedan pensar ¿Apenas? Lo único que puedo decirles es que los procesos son distintos para cada quien.
No voy a mentir, es triste notar los cambios porque se que nunca volveré a verme de aquella manera, que esa carita de niña que escondía mi edad ya no está, pero me alegra lo que soy ahora. He cambiado mucho.
Si lo pienso bien, hay tantas cosas que no terminaría de enlistarlas. Hace años nunca hubiera pensado que tendría tatuajes en las piernas, que usaría las uñas cortas casi siempre, qué disfrutaría limpiar y ordenar mi casa, que sería tan buena para surtir la despensa, que estaría trabajando en mi image personal. Espero que la próxima pequeña muerte, sea amable como lo fue esta, pues como le dice Penny a Sheldon "lo único constante es el cambio".
¿Será correcto poner una cruz con flores en el espejo para la difunta?



Comentarios
Publicar un comentario