Halcyon days



 Por. Fénix Figueroa

‎Este mes recibí mi año 30. Hay tantas cosas que decir que a la vez no importan nada. 

‎Antes de entrar a la verborrea recomiendo una breve playlist para esta lectura  

‎La vida me ha dado aprendizajes a manos llenas en estos meses, ocho para ser exactos, como no los había tenido en años. Llego al famoso tercer piso de la mejor manera. 

‎A príncipios de año pensé en hacer una reunión con mis amigos y algunos otros cercanos, me entusiasmaba la idea de por primera vez en mucho tiempo celebrar mi nacimiento. Pero algunas cosas se fueron moviendo y dejé de considerar esa idea, apesar de ello pude disfrutar el momento con los hermanos mayores que la vida me regaló en madres distintas. De los amigos, algunos de ellos se distanciaron y algunos más ya no están. 

‎Es un proceso natural, bien dijo Sharif en Rosa Blanca

"Cada persona llega a nuestras vidas para enseñarnos ciertas cosas, algunas en realidad llegan y no se quedan, se van cuando cumplen una misión en tu vida y por más que duela, hay gente que simplemente llega a nuestras vidas para aprender de ellos. Me dolió aprender esa lección, pero esta es la vida"

‎Decir que no existe el dolor sería inhumano, pero uno va aprendiendo que es necesario, una parte fundamental del ciclo. Sin los pesares, sin los errores, no existe si quiera la posibilidad de evolución, el mismo Asimov lo explica en El fin de la eternidad, mi libro favorito. 

‎Así que la primera lección del año 30, fue soltar a las personas porque no nos pertenecen y a veces, con tal de conservarlas, las retenemos como mariposas en naftalina o bien nos vamos dejando a nosotros mismos de pedazos: migajas a cambio de tajadas enteras. No es que uno se rinda a la primera, que deje de luchar por los vínculos, sino saber reconocer cuando los caminos se dividen. 

‎Aunque mi círculo de amigos siempre ha sido reducido, tuve la valentía de despedir a los que por su bien o por el mío se fueron. En la familia ocurre lo mismo. Hay vínculos que se conservan mejor de lejos. Si no puedes distinguir el momento de cortar camino recuerda la canción de Love of Lesbian:

‎"El tiempo pone a todos en su lugar

A tí en el desván

‎Puede que jamás vea el momento de echarte a la basura sin más. .. 

‎. ..que se yo

‎A veces el que pierde gana algo mejor"

‎La segunda lección diría que fue la de hacerme dueña de mi vida. Nadie experimenta en cabeza ajena, dicen por ahí. Aunque a veces resulta muy cómodo que otros tomen las riendas, también implica atravesar caminos no deseados, con métodos y compañías por demás incómodas, a costos altísimos. ¿Cuál es el costo de no ser el adulto a cargo? La vida misma. 

‎Es que oiga, un adulto chiquito como yo no puede solito, ¿no ve que ni efectivo se carga la niña? ¡Chiquitos mis hue... sos! 

‎A veces el temor a no saber hacer las cosas, a no ser suficiente, vuelve una frase fácil la de "que lo haga Fulanito, es que le sale mejor", pero también la huevonada. ¿Quién dijo que tenía que salir bien a la primera? A este mundo venimos a cagarla y luego limpiar el mierdero que hicimos para aprender cómo se hace sin embarrarla (o por lo menos no tanto). 

‎Hace poco tomé casi como himno la famosa canción "We're not gonna take it" del grupo Twisted Sister, porque no hay mejor manera de explicar lo que significa romper la cadena que a veces uno mismo se pone encima. Que lo diga la canción, no yo. 

"‎We've got the right to choose it

‎There ain't no way we're losing

‎This is our life, this is our song

‎We'll fight the powers that be just

‎Don't pick our destiny, 'cause

‎You don't know us, you don't belong"

‎Tercera lección: El universo puede darte todo lo que pidas, ahí está para ti, pero no te lo va a poner en las manos. A veces para recibir tienes que vaciarte los bolsillos, ¿cómo vas a agarrar todo lo que estás pidiendo si no tienes espacio para detenerlo? Porque es importante entender que no todo converge, no todo es compatible y tienes que elegir. Hazlo sabiamente pues las oportunidades no vuelven. 

‎Nos resulta fácil quejarnos de nuestra mala suerte, de que otras personas tienen mejores trabajos, mejores relaciones, mejores vidas porque estuvieron en el momento exacto, porque el azar los favoreció. Y aunque sí puede pasar, también se nos olvida decir que nos hacemos bien pendejos para hacer que las cosas sucedan, que nuestros malos hábitos nos vuelven conformistas y nos atan a nuestra zona de confort, la zona segura. 

‎Chinguele papito que nada es de a grapa. Me recuerda mucho la ironía de la gente que se la pasa diciendo que quiere ganarse la lotería y nunca compran el boleto. Como diría Dewey, el futuro es hoy, ya mañana te mueres (esto no lo dijo él pero yo sí). 

‎En cuarto lugar entendí que el amor tiene muchas maneras de manifestarse y no necesita vestidos elegantes para hacerse notar, sólo es cuestión de abrir bien los ojos. 

‎Muchas veces me repetía que no había sido amada en mi vida, porque es más fácil y notorio el desamor, ese si es presumido y se hace ver desde lejos. Sin embargo, cuando puse atención me di cuenta que he recibido muchísimo cariño, pero casi siempre es en esos pequeños gestos y detalles que la gente considera cotidianos o como el mínimo esfuerzo. 

‎Además, que un amor se acabe o no llegue al destino deseado no significa que no fuera real, que no valiera nada ni que no deje una huella memorable. El dolor que acompaña una ruptura o una despedida no debería borrar lo bueno ni hacerte odiar lo que fue. Al final, todo lo vivido y compartido forma parte de lo que somos, además de marcar el rumbo para lo que buscaremos, pero sobre todo aceptaremos en adelante. Dice la frase: aceptamos el amor que creemos merecer. 

‎El amor no siempre se grita, a veces es un susurro, una notita de papel en tu escritorio, un mensaje por la mañana, un dulce que alguien recordó es tu favorito. Cuando su forma y su expresión no es la que buscas no significa que el otro no te quiera, solamente no es la pieza de tu rompecabezas. Entendamos que las personas no existen para satisfacer tus necesidades afectivas. Para amarte como tu esperas que lo hagan, estás tú mismo. 

‎Amar es un acto que nos genera mucho miedo ¿por qué? Es lógico, el temor no es inherente a compartirte con alguien, a besar, a tener intimidad, a generar esa complicidad que se asemeja más a un mundo aparte. No, el miedo es justamente perderlo todo. ¿Pero por qué pensamos en el final cuando todavía ni inicia? Los humanos somos tan complicados. 

‎Si igual nos vamos a partir la madre, mejor que sean estallando de amor que haciéndonos los fuck boys/girls. Luego por eso hay tanto amargado en la calle. 

‎Y la quinta y última lección diría que es sobre el valor de la paz. Pocas veces lo pensamos, pero encontrar un punto de equilibrio, la estabilidad para que no te lleve el viento, ni siquiera decir la plenitud, solamente ese término medio en el que la calma, la soledad y el silencio adquieren otro significado. Ese punto exacto es el bien más caro que podemos tener. 

‎No me lo creas, pero así como las riquezas materiales, las que son propias del alma también se notan y hay personas que por igual intentarán robarlas o al menos las envidiarán. Recuerda que la envidia es como un vampiro que te drena. Lo triste es que en ocasiones es gente disfrazada de amigos o alguien que dice quererte bien y en realidad es lo opuesto. 

‎¿Cómo te cuidas de algo que no se puede ver siempre? No existe una fórmula, quizá lo correcto sea dejar que te roben un poco de eso para ver si así deciden iniciar a construirlo por sí mismos, pero sólo un poco eh, osea si muy bueno el encaje pero no todo el vestido madrina. 

‎Construir la paz a tu alrededor no es fácil, a mi me tomó años y no se si me dure 30 días o cuánto será. Lo que sí sé es que voy a aprovechar cada instante. 

‎Y así, llegué a los 30 años, con una idea más clara de la persona que quiero ser, de lo que voy a buscar para mí. Rescato esta idea de hacer lo que sea bueno para mi persona, lo que me haga feliz o, como diría mi psicóloga, lo que me conviene. 

‎Quise llamar a este texto Halcyon days por el mito de los martines pescadores (Alcione y Ceix), el cual explica ese fenómeno metereológico del Mediterráneo en el que el mar entra en calma, como aletargado, durante 14 días en el solsticio de invierno. En este período pacífico, las aves pueden incubar sus huevos en nidos flotantes sobre el agua sin temor a que los fuertes vientos arrasen todo. 

‎Así como los alciones, quiero ver este momento como una oportunidad para incubar no una descendencia en sí, más bien para, como el ave Fénix, renacer más fuerte, más capaz de soportar esos ventarrones cuando decidan volver. Que mis alas no se quemen como las de Ícaro en el sol, pero tampoco volar tan bajo que las olas me arrastren al fondo.

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